EL NACIMIENTO DE UN PROYECTO MÍTICO
Tras el relativo éxito del cortometraje Leo es pardo (1976) en el Festival de Berlín Iván Zulueta escribió un guión titulado Arrebato, que relata la experiencia de un cinesta que se filma mientras duerme. En un principio Iván tuvo la intención de hacer otro más de su Super 8, en los que todo el peso técnico recaía en sus manos: fotografía, sonido, cámara y montaje. Pero vio mayores posibilidades a esa historia y comentó al productor de sus últimos trabajos, Augusto Martínez Torres, la posibilidad de hacer un largometraje a partir de aquella historia. Así Zulueta comenzó a desarrollar nuevas situaciones, crear nuevos personajes y enriquecer la trama original.
Tras entablar conversaciones con varias personas dispuestas a financiar aquel proyecto apareció definitivamente Nicolás Astiárraga, un arquitecto leonés muy interesado en el cine. Tras ver los trabajos anteriores del director y conversar sobre el guión que tenía entre manos se puso en marcha la preproducción de Arrebato, el segundo largometraje de Iván Zulueta.
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Marta F. Muro y Eusebio Poncela |
Pedro y su proyector de Super 8 |
El trío protagonista de 'Arrebato' |
Cecilia Roth es Ana Turner |

LOS EXTRAÑOS RINCONES DE UNA PELÍCULA
El arrebato es ese instante mágico propio de la infancia en el que te quedas absorto con un objeto o una imagen y el tiempo parece detenerse. Todo conduce a la búsqueda de la esencia creativa: cuando uno crea desaparece y el mundo que está siendo invocado se materializa gracias a la pasión. Pues sólo de la pasión surge el arrebato, la inspiración. Para ello las drogas son un puente a este estado arrebatado, un viaje artificial hacia ese momento en el que el arte destroza el tiempo... Esta es, con la inexactitud propia del lenguaje para expresar sentimientos y pensamientos humanos, el espíritu que contamina el segundo y por ahora último largometraje de Iván Zulueta. La infancia como espacio donde vivir, el cine como fascinación, las drogas como medio, como camino, el arte como arrebato...
Una de las grandes pasiones cinematográficas de Iván Zulueta es el género de terror. Con
Arrebato cumplió uno de sus sueños, realizar un filme de vampiros. Pero no una historia al uso como la de Drácula (su gran mito), sino llevando a su terreno los elementos sensoriales, espirituales y discursivos de estas películas. En
Arrebato el proceso de vampirización, esos elementos de
muerden el cuello de los personajes y les arrebata son la cámara de Súper 8 y la propia heroína que se inyectan. La cámara congela sus vidas (las de José y Pedro) en los fotogramas de las películas, haciéndoles trascender y eternizarse en la emulsión. Mientras que la droga envenena sus cuerpos, trastoca sus vidas, congela el tiempo y les hace regresar a una infancia nunca abandonada.
Pero si por algo
Arrebato es considerada una obra única, marginal, es por la intensidad rayana con la enfermedad volcada por su autor en ella, plasmando todo su universo interior, con sus fobias y sus pasiones, sus paranoias y sus obsesiones. Las facetas que dibujan la compleja personalidad de Zulueta se
distribuyen entre los personajes de José Sigado (un profesional del cine, hastiado del aspecto industrial de éste, como puro trabajo) y el de Pedro (el experimentador, el que juega con las imágenes como poderosas armas de catarsis, el que utiliza el cine como puente hacia otros terrenos sensoriales más placenteros que la pura rutina diaria). Otros elementos como las ilustraciones, los cromos, el mundo de Walt Disney, lleno de candor y tragedia a la vez, y cómo no, las drogas... Todos constituyen una especie de puentes hacia la infancia, esa etapa de la vida donde todo es inocencia y despreocupación, ensueño y arrebato, con el Síndrome de Peter Pan sobrevolándolo todo. También al propio Zulueta.
Esta película, además del propio universo del director y guionista, se ve envenenada por múltiples referencias cinematográficas y literarias. Los ya comentados Drácula (y esa cámara - vampiro) y Walt Disney o los cuentos de Edgar Allan Poe (la referencia más clara es
El retrato oval). Mientras las imágenes del filme se ve contaminadas por cierto realismo sucio (reflejada en el gran trabajo del director de fotografía Ángel Luis Fernández, que creo toda una estética en esos años en que trabajó con Fernando Colomo o Pedro Almodóvar en sus primeras películas), con influencias del cine americano del momento (algunos momentos de soledad del personaje de José Sirgado nos recuerdan al Travis Bickle de
Taxi Driver de Martin Scorsese, 1976) y por toda la cultura pop cultivada por Zulueta en sus cortometrajes.
Arrebato. Simplemente
Arrebato. Una película que fascina a muchos espectadores, aturdidos por su originalidad, su malditismo, su carácter marginal. Un rareza que sedujo desde su primer visionado a Julio Medem y que ocupa un lugar privilegiado en su altar de películas preferidas, una de las que más
daño le han hecho en su formación como cineasta.